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Regreso

Regreso

Querido Diario:

Dicen los terribles románticos que siempre es mejor el regreso. No tanto la partida, el dolor inmediato de lo perdido, la destrucción tierna de lo amado: siempre es mejor el regreso. Porque solo en el regreso se aprecia la ausencia.

Yo te extrañé, querido Diario amigo. Han pasado algunas cosas que no quiero remover. Hablemos de lo que se asoma hoy, de lo que gloriosamente se atisba en los contornos de la ventana, del camino que se despunta.

He vuelto al trabajo. La rutina, joven y tierna, me ha dado un beso en la frente de bienvenida. Cuando se convierta en una rutina adulta sostendré mis primeras discusiones con ella. Cuando por fin sea una rutina madura habré de odiarla dulcemente, con un inusual cariño. Ciertamente, es hermoso trabajar. Jamás comprenderé a las personas que reniegan de su trabajo. Es claro que no todos están en el sitio de predilección, algunos quizá, desempeñan un trabajo bajo el toque sádico de la obligación. Otros nos ungimos en el placer de una labor hecha con férrea convicción. ¡Es una fortuna realizar el trabajo que se ama; amar el trabajo que se realiza! He caído en una especie de bonanza sentimental que solo por eso me permito realizar un juego inocente de palabras.

Sin embargo, querido Diario amigo, otras cosas también han vuelto. Ha vuelto el asqueroso transcurrir en San José, la aglomeración siniestra en las esquinas, el trote de cadencia torpe de los prójimos. Ha vuelto el grito pintoresco de los chinameros, el comentario insurrecto contra los políticos. Ha regresado el nefasto bus de Sabana Cementerio. Su piel amarilla ha vuelto a brillar en mi desencanto. Solamente ayer, tuve que aferrarme como un desesperado al respaldar del asiento delantero, ya que al correr como una gacela sobre asfalto, casi me salgo del cuerpo. ¡Benditos buses de Sabana Cementerio! ¡Sería un mentiroso divertidísimo si dijera que los extrañé!

¿Ha regresado el enojo? ¿Ha retornado acaso mi peculiar mal humor? Eso lo sabremos en algún momento. Quisiera brindarles una sorpresa a mis estudiantes: volver más, mucho más paciente. Volver más, mucho más dulce de genio. Volver menos, menos sarcástico. Volver menos, menos intenso. Mas, como suele ocurrir en las grandes historias, los dejaré asirse a la esperanza para que luego se vayan desalentando atinadamente.

Por supuesto, querido Diario amigo, no puedo obviar un regreso que me entusiasma. Es un regreso que transcurre en el sigilo, en la hermosa complicidad. Es el regreso a una historia auténtica, poderosamente particular; en el devenir de las cosas uno siempre espera estas instancias, recuperar el aliento mutuo. Es un regreso que se fragua poco a poco, como un enorme pergamino que se construye para revelar algo. Es el regreso a un camino que se recorre acompañado. Felizmente acompañado. ¿Para qué decir más? El regreso a la vida se hace intensamente.

Tuyo, Yo.

 

 

               

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