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¡Oh, alegre seriedad!

¡Oh, alegre seriedad!

Querido Diario:

¡Está bien! Tomemos ciertas cosas con seriedad. Por ejemplo, el trabajo, el descanso, el amor, la amistad (escasa, pero amistad al fin). Por ejemplo, el viaje en bus, caminar con una frialdad impresionante por la avenida central soportando la simple presencia estorbosa de los otros. Está bien, todo eso tomémoslo con seriedad.

A lo largo de mi vida, muchas personas me han encasillado como una persona demasiado seria. Por lo menos, durante mi etapa como frío adolescente, jamás me distinguí por ser el alma de la fiesta. No contaba chistes brillantes ni vociferaba comentarios que pudieran ser celebrados por mis poquísimos parroquianos. Pero tenía mis momentos. Supongo que por esas cosas de la edad, poco me importaba relacionarme con los demás. La principal razón fue siempre la música: ellos escuchaban lo que consideraba basura, yo escuchaba rock. Admito que en una parte de mi vida, transcurrí por un sector álgido: mientras estuve en sétimo año era seguidor escandaloso de Michael Jackson. ¡Oh, Dios! ¿Por qué lo permitiste? Por dicha, luego recobré la cordura. Pero también, era el extraño sentido del humor de los otros lo que me inspiraba a dibujar una frontera salvadora. Lo que a ellos les resultaba gracioso a mí me parecía estúpido. Lo que a mí me resultaba sagaz para ellos era ininteligible. Alguien se equivocó al ponerme en esa etapa de la vida.

Dichosamente, en etapas posteriores, la situación fue más simple. Ahora procuro corresponder a la seriedad que me adjudican los otros, con simplísimos ejemplos.

Soy tan serio que coloco fotografías mías constantemente en las diferentes redes sociales en las que existo. Por ejemplo, en la red donde hay un teléfono con fondo verde, mi foto de perfil corresponde a un famosísimo personaje amarillo, padre de tres hijos, amante fiel del televisor, que apunta con un arma y con una sonrisa. Y como si esto fuera poco, en la red social donde todos somos un libro con rostro, mi foto de perfil corresponde a un soberbio doctor irreverente, líder fiel del sarcasmo y del aparente cinismo aunque sus detractores jamás han comprendido su real naturaleza, es un médico tan rebelde que usa bastón. Mi comprobada seriedad no alcanza para otras redes sociales. Dicho lo anterior, como podrás ver, querido Diario amigo, mi identidad está acuerpada por la imagen de dos personajes ficticios de mi entera predilección. Si eso no es seriedad, no sé qué más lo será. Pero será lindo escuchar a los más perdidos preguntándome sandeces. No hay duda. Soy un hombre muy serio.

Lo sé. Alguien se equivocó otra vez al ponerme en esta etapa de la vida. Jamás correspondo con la época. ¡Dichosa y bienvenida seriedad!

Tuyo, Yo.

               

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