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MI DIARIO: -Las vacaciones llegaron a la ciudad

MI DIARIO: -Las vacaciones llegaron a la ciudad

Querido Diario:

No fueron simples especulaciones. No se trata de los vientos propios de la época. No se trata del rumor de fiesta ni de otras peculiaridades de diciembre. Mucho menos se trata del odioso de Santa Claus. No señor. Se trata de las gloriosas vacaciones.

He recorrido semanas de trabajo que aunque ciertamente disfruté, también me generaron un cansancio ineludible. Lidié con momentos vertiginosos, con dolores de cabeza monumentales. Trabajé dichosamente con ganas. Por eso, veo venir las vacaciones y pongo cara de chihuahua optimista, con su cefálico meneo inclusive cuando se asoma por alguna ventana.

Las vacaciones se empiezan a posar en todo lo que advierto. La desgana que en ocasiones se asomaba definitivamente ha pasado a mejor vida. Atrás, y por ahora, se quedan todas las cosas relativas a mi trabajo. Aunque yo pueda hacer mofa de ello, mi trabajo me agrada. Me genera la consabida satisfacción, pero también buenas carcajadas. Interactuar con jóvenes es enseñarle al espíritu a nunca doblegarse. Espero que si alcanzo los cincuenta, a pesar del evidente cambio físico, el ánimo se mantenga vital. Por supuesto que, como en cualquier trabajo, hay días en los que uno quiere largarse y lanzar un tórrido soneto de improperios, pero es parte del paquete. Por dicha, esto último, siempre es menos.

Quisiera decir que en estas vacaciones ejecutaré el plan de oso, es decir, limitarme a comer, dormir y existir, pero la conciencia me dice que debería avocarme a un descanso activo. ¡Qué calamidad! He comprobado, una vez más, que tengo una condición física precaria. Me pidieron llevar unas pocas cajas al segundo piso del colegio donde trabajo y cuando había cargado tres llevaba la lengua arrastrada en la alfombra. Empecé a respirar como perro en agonía y sentí que la muerte me coqueteaba. Ah, pero lo peor es el dolor de piernas. ¡Sí! Subí solamente doce insignificantes cajas y no aguanto el dolor sobre los muslos. Apenas terminé la faena, corrí por agua y por aire, mucho aire, y me senté como cualquier inútil a reflexionar que, en términos de condición física, estoy ridículamente jodido. Pero, mi cuerpo ya lo sabe: está bien, comeremos, pero en enero pagaremos el precio. ¡Enero, sí, enero! Si afirmo que ahora en diciembre empezaré la actividad sería muy irresponsable de mi parte.

¡Oh vacaciones de mirada fulminante! Habéis venido a mí por fin. He esperado por vuestro beso y ansío fregar mi humanidad contra vuestro pecho. Abrazadme y hacedme sentir único, especial. Nuestro amor durará apenas un mes, pero sabemos que será con intensidad.

Tuyo, Yo.

               

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