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MI DIARIO: -Botadero anual

MI DIARIO: -Botadero anual

Querido Diario:
A estas alturas del año, llega el momento de realizar el botadero anual. Hoja por hoja, reviso los papeles acumulados durante el año, para determinar con frialdad su destino. Quien pudiera leer esto diría que soy el orden personificado, pero vos y yo sabemos que no es así. En cuanto a papeles y porquerías propias, soy célebremente desordenado.
No sé cómo pasó, en qué momento se dio, pero acumulé tantos papeles que siento una zozobra millonaria. ¿Por qué rayos guardé tanta carajada? ¿Por qué tengo esta maravillosa tendencia a recopilar tantos papeles? Supongo que soy víctima de ese susurro al oído que sentencia “guárdelo, en cualquier momento le va a servir”. Pero, también, en honor a la verdad, es producto de la pereza. Por atender otra clase de urgencias, lanzo los papeles o lo que sea al fondo de mi casillero y ahí, lo lanzado, aguarda en la oscuridad en espera de redención. Y luego, en esta época, el producto de tantas perezas, se asoma apenas abro la compuerta. Estoy seguro de que un día de tantos, al abrir, aparecerá un león miniatura, una bruja enajenada o un ratón filosófico.
Por supuesto que enfrento todas las etapas de la faena. Primero, me dejo seducir por la pereza descomunal. Vuelvo a ver el casillero y mi yo interno propicia un debate sólido. “No, viejo, ¿no ves ese montón de papeles? ¡Estás jodido! ¡Vámonos!” Luego, sobreviene la etapa de la reflexión. “No, mae, si no lo hacés ahora, ¿entonces cuándo?” Posteriormente, viene la etapa del convencimiento y el letargo. “Está bien, voy a hacerlo, pero la voy a llevar suave”. Y ahí va uno, hoja por hoja, folder por folder, escombro por escombro, libro por libro, bostezo por bostezo, botella por botella, circular por circular, cuaderno por cuaderno… Suave, ¿botella por botella? ¡Oh sí! Para mi asombro, en mi casillero han coexistido dos botellas plásticas olvidadas. Me merezco un aplauso por cochino.
Luego surge la etapa nostálgica. Se encuentra uno papeles emblemáticos y se pone uno a leerlos como si se tratara del diario de algún fulano. Cuando uno descubre (o redescubre cosas) la faena se extiende y viene, entonces, la etapa de la sed. Va uno a buscarse un fresquito y una silla para terminar de leer a gusto. Sin embargo, uno se percata que ha caído en una trampa: la pereza ha vuelto y esta vez viene decidida a llevarlo a uno a fuerza a morar en su vientre de sueño. Solo así, solo los hombres de verdad, nos levantamos con decisión y seguimos tirando todo sin ninguna contemplación a la bolsa de la basura. ¡Al carajo la revisión previa! La ofuscación toma posesión de mis actos y con cólera lleno la bolsa con el resto de porquerías. Le hago un nudo y la sumerjo en una oscuridad momentánea.
Mi casillero es un terreno prolijo, limpio, excelso, ávido de nuevas porquerías. La victoria es para mí.
Ahora sí, pereza, ven a mí.
Tuyo, Yo.

               

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